El Reino de Dios

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Antes de que venga el Reino, un tiempo terrible de oscuridad, violencia, y tribulación vendrá. Justo cuando parezca que toda esperanza está perdida, Jesús vendrá en las nubes, resucitará a sus seguidores, y establecerá su reino en la tierra. Durante los primeros mil años, Jesús gobernará la tierra desde Jerusalén. Durante este tiempo, muchas personas comunes también estarán viviendo. Por lo tanto, será responsabilidad de los seguidores de Cristo funcionar como sacerdotes para estas personas y administrar el gobierno. Mientras esta nueva teocracia esté desarrollándose, la tierra misma será restaurada, como un carro antiguo, a su estado anterior de perfección (el Huerto del Edén). Después de los mil años, todos los que no formaron parte de la primera resurrección serán juzgados, Satanás será destruido, y entonces Dios Mismo vendrá a morar perpetuamente en la tierra con Sus hijos.

Con el fin de darle un entendimiento del Reino, hemos seleccionado diez atributos para explicar:

  1. Los fieles de todas las edades heredarán la tierra que fue originalmente prometida a Abraham. El planeta Tierra será totalmente restaurado en Paraíso. No habrá hambruna, contaminación, tiempo inclemente, desastres naturales, ni desiertos. La creación entera será cambiada para facilitar la adoración de Dios. En realidad, una ciudad adornada de joyas, diseñada a la medida por Dios Mismo, la Nueva Jerusalén, descenderá del cielo y será establecida sobre la Antigua Jerusalén. Esta nueva ciudad será elaborada con toda clase de piedras preciosas y oro. Puede que usted haya oído sobre las “puertas del Paraíso”; ellas son una característica de esta masiva y bella Nueva Jerusalén.
  2. Los santos disfrutarán de cuerpos resucitados por toda la eternidad. Esto quiere decir que ellos nunca más serán afligidos con huesos rotos, deterioro, mala vista, golpes, rasguños, incapacidades, etc. Los que son cojos hoy en aquel día saltarán como ciervos, y los que son ciegos hoy verán con perfecta claridad en el Reino. Los cuerpos serán inmortales; así que, no importa lo que suceda, la muerte no es una preocupación.
  3. Recompensas serán dadas a los santos por las obras que hayan hecho en esta vida. Aquellos que hayan soportado persecución o que hayan sido martirizados, recibirán recompensas por su fiel servicio al Soberano del cielo y de la tierra.
  4. Habrá paz—no más guerra, violencia, ira, intimidación, ni ansiedad. De hecho, aun los animales estarán en paz unos con otros y con el hombre. Eso quiere decir que usted podría tener un león como animal doméstico. Los animales carnívoros serán cambiados a herbívoros y no tendrán más temor de los humanos.
  5. La justicia se extenderá por todo el Reino. Los pobres, los huérfanos, los desvalidos, y los menos afortunados recibirán su justo merecido. Los arrogantes, los malvados, y rebeldes serán destruidos para que nunca más haya alguien que se aproveche o que haga daño al pueblo de Dios.
  6. Todas las personas en el Reino final de Dios serán santas. Ellas nunca más serán tentadas a pecar. La batalla habrá sido ganada, y habrán sido facultadas para vivir rectamente cada momento de cada día para siempre. Nunca más tendrán los santos que arrepentirse, sentirse culpables, ni experimentar vergüenza delante de Dios debido a los pecados cometidos.
  7. Los ciudadanos del Paraíso de Dios serán colmados de gozo inimaginable. Canto, baile, y celebración abundarán. Además, no habrá nada en existencia que pueda quitar el gozo—no más dolor, sufrimiento, ni llanto. Las únicas lágrimas que brotarán serán de alegría.
  8. Usted podrá tener comunión con los santos. Abraham, Isaac, Jacob, David, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Pedro, Pablo, y Juan le prepararán su cena en compañía de todo el que haya entrado al Reino. Los seres amados se reunirán y pasarán juntos todo el tiempo de calidad que deseen. Lo que es más, Jesús mismo estará presente y disponible para conversar y acompañar. Debido a que usted tendrá tiempo infinito, podrá pasar todo el tiempo que quiera con cada persona que esté viviendo en el Reino de Dios.
  9. Recibiremos nuestro conocimiento de Dios directamente de la Fuente. Ya no habrá más ideas equivocadas sobre Su naturaleza, Su plan, y Sus intenciones. Dios Mismo, Yahvé, el Padre de todos, nos enseñará todo lo que necesitamos saber. Lo conoceremos tan bien como Él nos conoce a nosotros hoy.
  10. El Padre morará en la tierra; nosotros viviremos con Él para siempre. La Biblia enseña que Él iluminará la Nueva Jerusalén de modo que aun el sol oscurecerá comparado con Su gloria. Nosotros podremos hablar con Él cara a cara y gozaremos de Su amor directamente. Veremos al Santo y Lo conoceremos de primera mano.

Este Reino, este Paraíso, esta Utopía está en marcha. Su llegada es inminente. Dios Mismo lo ha prometido y lo cumplirá a Su tiempo. ¿Por qué no ha regresado Jesús todavía? ¿Qué está tomando tanto tiempo? La Biblia enseña que Dios es muy paciente porque Él quiere que todos (incluyéndolo a usted) tengan una oportunidad de aceptar el mensaje antes de que sea demasiado tarde.

¿Está usted listo? Si no, hay ciertas acciones requeridas que usted debe tomar. Como cuando uno emprende un largo viaje, hay preparativos que hay que hacer. Según Jesús, usted debe oír, entender, aceptar, y retener el evangelio del Reino, y entonces usted debe dar fruto—vivir de la manera que él ha ordenado.

Oír: Todo comienza con esto. Si usted no oye el mensaje de salvación, entonces usted está perdido. Pero oír no es suficiente…

Entender: No existe ninguna fórmula mágica en el cristianismo. Decir simplemente las palabras de la oración del pecador no es suficiente. Usted debe verdaderamente entender que el Reino viene y que Jesús murió por sus pecados para que usted pudiera entrar. En adición, usted debe entender dos palabras claves: (1) Cristo y (2) Señor. El término “Cristo” significa “ungido”. ¿Pero ungido con qué propósito? Jesús es el Cristo ungido para ser el Rey del Reino. Por lo tanto, cada vez que usted lea Cristo, usted puede sustituir mentalmente: el Rey del Reino. Segundo, “Señor” significa jefe o maestro. Si Jesús es su Señor, entonces usted hará lo que él dice. Aun así, tener este entendimiento no es suficiente…

Aceptar: Usted tiene que aceptar el evangelio como verdad. La fe es el fundamento de todo. En adición, es necesario que haya arrepentimiento—verdadera tristeza que provenga del fondo del corazón y un deseo para cambiar lo que sea y todo por el que murió por sus pecados. Confiese que Jesús es su Señor y sea bautizado en su nombre. Comprométase a seguir sus palabras por el resto de su vida. Sin embargo, aun la aceptación y la creencia no son suficientes…

Retener: Dios honra su derecho a escoger. Si usted cambia de opinión y decide que no quiere estar en el Reino, Él no lo va a forzar para que esté allí. Si usted verdaderamente decide estar con Él en el Paraíso, entonces no habrá cosa que Él no haga para ayudarle a que llegue allí. Como con los corredores de maratones, el principio de nuestra fe no es tan importante como el final. Dios no quiere parte de usted, Él quiere su vida entera. Aun así, retener su fe hasta el final no es suficiente…

Dar fruto: Su vida como cristiano es como un árbol frutal. Si usted ha recibido la semilla del evangelio y ésta ha echado raíces en fe, entonces usted tendrá el correspondiente fruto—acciones. En vez de vivir a la manera de antaño según sus propios deseos, usted necesita vivir de acuerdo a lo que Dios desea para usted. Aquellos que demuestran el fruto de inmoralidad, impureza, sexo fuera de matrimonio, celos, arranques de ira, y borracheras no heredarán el Reino de Dios. Sin embargo, el fruto del espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza.

Todos estos elementos son esenciales. Usted tiene que oír el mensaje de salvación (el Reino y la Cruz). Usted tiene que aceptarlo (creerlo, arrepentirse, confesar, y ser bautizado). Usted tiene que retenerlo la vida entera. Usted tiene que dar fruto—comportarse de la manera que Dios desea. El cristianismo no es camino fácil, pero el glorioso Reino venidero y la comunión con Dios hoy, hacen que todo valga la pena.

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